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A cada uno lo suyo

07-02-2005 08:46:10

Columna publicada el 1 de septiembre de 2004

Categoria: GeneralNadie

EL TROQUEL DE D´ARTACAN


De niño, disfruté mucho con “D´Artacan y los tres mosqueperros”. 20 años después he leído la novela que inspiró la serie e, inevitablemente, mi cerebro lo ha transformado todo en dibujos animados; yo traté de imaginar personas, pero los protagonistas de lo que leía eran perros, gatos y zorros. Sólo al final de la lectura, cuando la naturaleza demoníaca de Milady se manifiesta, empecé a ver rostros humanos en los personajes, quizá porque es imposible imaginar tanta maldad en ningún animal.
Técnicamente, lo que me sucedió hace 20 años es que fui improntado o, como hubiera dicho el etólogo Konrad Lorenz, troquelado. A lo largo de la vida todos quedamos marcados por improntas: no es casualidad que la primera versión que escuchamos de una canción suela ser nuestra favorita, o que la primera impresión sea fundamental. Para un patito recién nacido, su madre será mamá pata siempre que no la sustituyamos por un muñeco de trapo antes de que se rompa el cascarón, en cuyo caso el polluelo quedará troquelado por el trapo y lo considerará su mamá; si posteriormente devolvemos a la pata con su polluelo, este la repudiará. La impronta es más fuerte cuanto más joven el animal, y se puede considerar irreversible.
En los cachorros humanos, el rango de improntas es más amplio que en los animales: son de orden cultural, moral y espiritual. Los principios y actitudes que les sean troquelados antes de la adolescencia serán, casi seguro, los que rijan sus vidas para siempre. ¿Somos capaces de imaginar el troquelado que están recibiendo nuestros hijos hoy día? ¿Alguien puede calcular sus efectos? Ya no se ven mosqueperros, heidis, ni abejas mayas. Ahora sólo hay tomates putrefactos, crónicas subnormales y shin chanes; y es mucho más fácil encontrarse un billete de quinientos euros que un niño que lea.
Requiere mucho sacrificio conseguir que un hijo reciba buenas improntas, pero pensar que la alternativa es la creación de monstruos inadaptados o, en el mejor de los casos, semianalfabetos que pasan por la vida como almas en pena, debería animarnos a realizar el esfuerzo.

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