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24-02-2005 15:46:06

Crítica de cine, con un poco de retraso, lo admito: CRIMEN FERPECTO

Categoria: CineNadie

CRIMEN FERPECTO, UNA DIVERSIÓN CASI “FERPECTA”

Rafael (Guillermo Toledo) es un narcisista despiadado que piensa únicamente en sí mismo y que sólo tiene un camino -convertirse en jefe de planta de unos grandes almacenes- para llegar al lugar donde él cree que debe estar. Cuando su sueño está a punto de hacerse realidad, don Antonio (Luis Varela), su peor enemigo, se hace con el puesto. Debido al odio que se profesan mutuamente, discuten hasta llegar a las manos, con el resultado de que don Antonio muere accidentalmente. Dada la dificultad de explicar tal “accidente”, Rafael tratará de borrar las pruebas, pero para ello tendrá que someterse al chantaje de Lourdes (Mónica Cervera), empleada fea con avaricia, locamente enamorada de Rafael y, para su desgracia, testigo de los hechos. A partir de ese momento el sueño de Rafael se convierte en pesadilla, y lo perfecto en “ferpecto”.
Divertida, esperpéntica, grotesca, ácida y cruelmente divertida como la vida misma. Es decir, realista. Así es la última película de Álex de la Iglesia, a quien le debemos agradecer que se abstenga de añadir moralina, algo que sobraría en un mundo imperfecto en el que raramente tenemos lo que merecemos. Así es la vida.
Ni Guillermo Toledo es como el Jerry Lewis de “Lío en los grandes almacenes”, ni como el Tom Hanks de “Big”, pero si existiese un subgénero de cine “de centros comerciales”, “Crimen ferpecto” habría de figurar bastante arriba en la lista de tales películas, a pesar de que flojea en aspectos como el final, no demasiado bien rematado. Pese a ello, su irreverencia y certero análisis de las miserias humanas hacen que pecadillos como ese le sean fácilmente perdonados. El director se parece aquí más al Álex de la Iglesia de “La comunidad” o “Muertos de risa” que al de infumables mamarrachos como “Acción mutante” o “Perdita Durango”. Mejora, madura, y hace del cuadro costumbrista de la España actual y pretérita una diversión tan cáustica que puede causar erupciones a poco que se escarbe en la superficie, sin por ello privarse de hacer guiños a títulos tan poco sospechosos de ser castizos como “Un hombre lobo americano en Londres” (el fantasma del asesinado se convierte en amigo y consejero del asesino). El personalísimo estilo del director queda asentado completamente, así como su arma definitiva: exprimir hasta las últimas gotas el jugo de las miserias del alma humana. No busca extraños psicópatas o asesinos múltiples, sino que saca el psicópata y el asesino que hay dentro de nosotros, dentro de nuestro vecino, de nuestra mujer. Ridiculiza nuestros sueños de grandeza, y muestra la locura psicótica y paranoide a la que a algunos conduce el no ver colmadas sus expectativas o no tener expectativa alguna; lo fácilmente que nos volvemos prepotentes cuando lo tenemos todo, y con qué sencillez se evaporan nuestros logros y nos vemos hundidos en el más miserable de los pozos.
No es esta una película de carcajada continua ni de sonrisa intelectual, sino que su verdadera gracia es que acentuando sólo un poco los rasgos de nuestra sociedad, queda al descubierto lo penoso de muchos de sus pilares. Ninguno de los espectadores se querrá ver retratado en los caricaturescos “freaks” que aparecen, pero apuesto a que todos hemos visto a muchos conocidos reflejados en ellos. Divirtámonos pensando que serán esos conocidos los que nos hayan visto reflejados a nosotros. Eso es lo gracioso y a la vez trágico.
Pese a ser una comedia, cualquiera que piense en ella durante 5 minutos cuando salga del cine, no podrá dejar de notar el poso de amargura que deja: el odio, la envidia, el complejo, la desesperación… todo ello encontramos en una película que no sólo no es políticamente correcta, sino que pregona a las claras que esa corrección es sólo una máscara de hipocresía que nos ponemos para engañar a los demás.
Los actores dan la talla, y a un Guillermo Toledo que resulta mucho más creíble como pobre desesperado y acorralado que como pícaro rompebragas chulo y prepotente, le da cumplida réplica la verdadera estrella de la función: Mónica Cervera, perfecta, ella sí, en su papel de fea insignificante transformada en sádica loca y dominadora.
Hacer reír de forma surreal y cínica, pero inteligente y tierna. Ese es el principal logro de “Crimen ferpecto”.

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