EPISODIO III, la crítica de un admirador

© José Nadie Vader, impresiona hasta siendo de goma
ADVERTENCIA: Aunque todos sabemos ya qué pasa en el Episodio III, a continuación se desvelan bastantes detalles de la trama.
EPISODIO III: LO QUE LUCAS NOS DEBÍA…
…Y ha saldado su deuda. ¡Y de qué manera!
Todo el mundo conoce la lucha galáctica entre el Bien y el Mal que revolucionó el cine a partir de 1977, pero pocos saben del alcance que tuvo tal revolución; la saga de La Guerra de las Galaxias no inventó el cine, pero el cine sería hoy diferente de no haber existido la saga. Desde los efectos visuales hasta los títulos de crédito, desde el cine independiente hasta los sistemas de sonido, desde los clubes de fans hasta la explosión del merchansing…todo lo cambió. Por su sencillez quizá, o quién sabe si por su complejidad, La Guerra de las Galaxias no es una ópera espacial para niños, es una semilla que crece y florece en el corazón de los que fueron marcados por ella para así seguir siendo por siempre los niños que deseaban pilotar un ala-X o manejar un sable láser.
Tras imaginar durante décadas los orígenes del mítico y terrible Darth Vader, el esplendor de la República y el terror de su caída, a finales de los noventa el sueño de muchos comenzó a hacerse realidad cuando George Lucas decidió por fin acometer la primera trilogía de lo que algunos todavía suspiramos porque algún día sea una trilogía de trilogías. En 1999 volvimos a sentir el aroma de Star Wars en el poco inspirado y demasiado infantil EPISODIO I pero, aunque reventó taquillas, a pocos satisfizo, pues muchas eran las expectativas y alto había quedado el listón 16 años antes. En 2001 llegaba el EPISODIO II, mejor que el anterior, aunque lejos de la trilogía original; nos acercaba la miel a los labios y permitía intuir lo que estaba por venir, pero dejaba muchos cabos por atar y muchas expectativas por colmar.
Finalmente ha llegado el EPISODIOIII para cerrar el círculo, para dar explicación a todo, y para saciar a los que llevábamos casi 30 años esperando ver la caída de Anakin Skywalker y la ejecución de las trágicas leyendas que poblaron nuestra mente durante décadas.
Era difícil el reto al que se enfrentaba George Lucas en el EPISODIO III, pues no es una película en la que importe el qué, porque todos lo conocemos: lo único que cuenta es el cómo. Rematar la mitología de toda una generación con una película floja, o no engranar perfectamente las tramas de los EPISODIOS III y IV hilando muy fino hubiera hecho resentirse a toda la saga. Abstenerse de mostrar lo que todos queríamos ver, como hizo en los EPISODIOS I y II, nos habría sabido a traición. Pero no ha sido así. Y llenando la apoteosis de la saga de acción y emotividad, Lucas ha logrado que a partir de ahora nos sea imposible odiar a uno de los más crueles y malvados villanos de la historia del cine, el nuevo Anakin, reconstruido entre indescriptibles sufrimientos a partir de los muñones de su cuerpo y de su alma.
Tras el espectacular prólogo de la batalla espacial de Coruscant y el rescate del canciller Palpatine, comprobamos que los poderes de Anakin han crecido enormemente, pero no así su madurez. Su rebeldía innata le supera a veces y, combinada con su ambición, su miedo y su amor a Padme, le hacen inestable. Todo ello lo aprovecha el poderoso señor oscuro del Sith para ir sembrando en él la duda y el resentimiento hacia los jedis, para ir atrayéndolo. Mientras tanto, en una hábil jugada, Obi-Wan ha sido alejado de Anakin con la misión de acabar con el general Grievous, comandante de los separatistas y último obstáculo para el fin de la guerra. Pero pronto queda claro que los líderes separatistas no son más que marionetas en manos del perverso lord Sidius: Grievous, Dooku, Gunray…fichas prescindibles en el enorme tablero en el que Sidious, maestro de la insidia y la mentira que a todos manipula prometiendo paz, lleva años jugando con paciencia y habilidad para ganar la galaxia.
Cuando los jedis descubren la identidad de Sidious es ya tarde para ellos, pero no para nosotros, pues con el combate entre el maestro Windu y el ya revelado Señor Oscuro comienza el clímax de emoción insuperable y espectacular que justifica los años de espera y todos los sinsabores anteriores. Con tristeza quisiéramos que no sucediera lo que estamos viendo, pero sabemos que tiene que ser necesariamente así. Palpatine se ve liberado por fin de la máscara y se transforma en un vampírico ser rebosante de maldad y sediento de venganza y poder ilimitado al que nadie, absolutamente nadie, es capaz de detener; consigue convertir a Anakin en su instrumento de exterminación, y al compás de la sublime música de John Williams nuestra alma muere un poquito con cada caído bajo el mandato de la orden 66. La esperanza se apaga, y sólo dos combates desesperados pueden alterar el curso del destino. Por un lado el jedi más poderoso contra el temible lord sith; por el otro, el alumno contra el maestro, la potencia contra la experiencia, el hermano contra el hermano…EL DUELO. Pero el ocaso de la Orden Jedi es inexorable, y la risa orgiástica de un canciller en un senado (grandiosa imagen) anuncia el advenimiento del mal para imperar en la galaxia. El destino se cumple, los dos supervivientes de la gloriosa estirpe que durante siglos fue guardiana de la paz han de exiliarse, y la emoción nos embarga mientras se suceden tres nacimientos que cambiarán para siempre en curso de la historia: el Elegido, destrozado y transformado en un poderosísimo ser de negra capa y brillante casco, y sus hijos gemelos.
El destino se ha cumplido: la galaxia se ha sembrado de muerte, y lo seguirá haciendo durante muchos años bajo la bota de un grotesco ser biomecánico achicharrado por fuera y por dentro, corroído por el odio, y ciego siervo del responsable de su desgracia. Mundos enteros serán exterminados por la inhumanidad del niño que soñaba con ser poderoso para hacer el bien y salvar a sus seres queridos.
El EPISODIO III será largamente recordado, ha visto la caída de Anakin y también el nacimiento de una nueva esperanza.
Sencillamente, magistral.

© José Nadie Vader no sólo acaba con la gente, que tiemblen los droides