ZAPATERO, EL BÁRBARO

COLUMNA PUBLICADA HOY, 9 DE NOVIEMBRE, EN DIARIO DE JEREZ
ZAPATERO, EL BÁRBARO
La mente humana es misteriosa y nos lleva por caminos insospechados a conclusiones sorprendentes. Se pueden pasar años reflexionando metódicamente sobre un asunto, y llegar a su resolución de manera inesperada y a consecuencia de algo totalmente fortuito. Sucede a menudo en la ciencia, pero puede ocurrir en cualquier ámbito de la vida. A mí me pasó hace unos días que, finalmente, logré entender a ZP. Y fue gracias a Conan. Sí, el bárbaro.
La feliz infancia de Conan termina bruscamente cuando los siervos de una secta sanguinaria acaban con su familia y su pueblo entero. Desde ese momento el pequeño Conan es esclavizado y tratado como un animal, pero la voluntad de supervivencia y el afán de venganza no sólo le salvan de la muerte, sino que le convierten en un poderoso guerrero incansable en su búsqueda de venganza. Mientras su amada arde en la pira, el héroe permanece impasible. Es su amigo, Subotai, quien se lamenta, y cuando le preguntan por qué llora, responde: “Él es Conan, el bárbaro, él no llorará. Yo lloro por él”. Esa es la clave. Lapidario.
Zapatero no es Conan pero, no se sabe muy bien por qué, tiene la imperiosa necesidad de vengarse; ¿de los que mataron a su abuelo? Puede; ¿de los que no son rojos ni gays? Quizá; ¿de aquellos que no comparten su panfletaria y radical visión de la vida? Seguro.
Decapitando a Thulsa Doom, Conan satisfizo su sed de venganza, liberó a los esclavos de la secta e, inesperadamente, llegó a ser un buen rey, pues había tenido acceso a nobles enseñanzas. En el caso del bárbaro moderno la historia pinta mucho más oscura: su frenesí vengativo busca acabar con el reino, los valores de la sociedad van siendo decapitados sin misericordia uno tras otro, y la sabiduría del nuevo caudillo consiste en aplastar a todo y a todos los que se oponen a sus designios.
Muchos españoles lloramos en estos días aciagos, y si alguien nos preguntara por qué, tendríamos que decir: “Él es ZP, el traidor. Él no reflexionará, no rectificará, no dejará de odiar mientras sonríe y nos vende por piezas. Lloramos por lo que hace él”.
