EL RÍO DE MIERDA

EL RÍO DE MIERDA
En la sociedad de la información (y del poco criterio para discernirla), las noticias pasan por el cerebro como pequeños flashes cuyo recuerdo permanece unos segundos. Efímeros el recuerdo y el sentimiento, nula es la acción. Recientemente, los medios se hacían eco del lamentable estado del Guadalete. Como han pasado unos días, podemos dejar de preocuparnos. Lo malo es que el río va a seguir muriendo a cada instante, si es que puede morir lo ya muerto.
Hace casi 1.300 años, la batalla del Guadalete daba inicio a una nueva era: con la derrota y muerte del rey Rodrigo, el reino visigodo se extinguió para dar paso a la dominación árabe de Hispania; a la Civilización le costaría ocho siglos ponerle fin. El recuerdo se ha desvanecido convenientemente, pero el río permanece, aunque olvidado por todos; por la Junta, por la CHG, por los ayuntamientos y por los ciudadanos. Y si no es por la presión de estos últimos, ninguna administración moverá un dedo por él, pues a ellas, como a Savater España, el Guadalete se la suda. Lejos quedan los planes de saneamiento y los baños de políticos imitando a Fraga, y de lo poco que ha llegado a interesar el río da cuenta el desvío de su cauce en Grazalema, con licencia otorgada por el partido del talante.
Fresco tengo el recuerdo de mi último baño en el curso bajo del Guadalete, hace poco más de un año y debido a una emergencia. Mientras nadaba no dejaba de pensar si la caca diluida de un señor de Algar me estaría penetrando en el cuerpo por los oídos, las narices, o la boca; ¡Qué vaporosas son las memorias de la infancia que me traen al pensamiento un río rebosante de vida y peces! Ahora, lo único que de él queda, tal y como fue concebido por la naturaleza, es el tramo comprendido entre su nacimiento y Grazalema. Apenas unos cientos de metros que, salvo en años muy lluviosos o tras algún deshielo, están secos.
La situación del Guadalete me recuerda a la de Jerez, pues en ambas convergen por igual ignorancia y conformismo; podríamos tener un río útil, bello y vivo. Pero tenemos lo que tenemos: un río de mierda.