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A cada uno lo suyo

08-01-2006 16:53:15

LA MEJOR PELÍCULA DEL AÑO: EL HUNDIMIENTO

Categoria: CineNadie

Aprovechando la clasificación de las diez mejores y las diez peores películas del año 2005, recupero aquí las críticas cinematográficas que de algunas de esas películas hice. Empezamos con


EL HUNDIMIENTO, ASÍ ACABO EL HORROR

Si se ha rodado recientemente una película imprescindible para quienes deseen saber sobre los más nefastos años que vivió Europa en el siglo XX, esa es El hundimiento, la obra de arte que ha convulsionado el cine alemán y las conciencias de quienes la han visto, la que ha ido más allá de la simple guerra para descubrir la gran verdad que tanto y tan obstinadamente tratamos de ocultarnos a nosotros mismos: que la maldad más profunda, la perversidad más inabarcable y la locura más catastrófica, capaces de exterminar una raza o arruinar un continente entero, no emanan de monstruos, engendros ni mutantes, sino de seres tan humanos como nosotros. Solemos llamar inhumanos o animales, quizá en un acto de defensa propia, a aquellos de nuestros semejantes que actúan con maldad extrema, como si alguna vez se hubiera visto a un animal ejerciendo esa facultad exclusivamente humana… pero en el fondo sabemos que no es así, que ocultamos en nuestro interior el germen del bien tanto como el del más horrible de los males; y si acaso alguien tiene dudas El hundimiento acaba con ellas: en el fin de sus días y de sus sueños, Hitler, culpable de la más nefasta guerra que ha sacudido la historia del hombre y aspirante (casi con pleno éxito) a erradicar al pueblo judío de la faz de la Tierra, no era más que un hombre decadente, envejecido, paranóico y enfermo, víctima de sus propios delirios y de su odio . Un hombre al que, con sus temblores, sus enfermedades, y sus ridículos arrebatos, no le importó llevarse a los alemanes por delante si no podían ganar la guerra. No contaban las personas, sólo la idea. Eso es lo que tienen en común todos los totalitarismos, llámense nazismo o comunismo, el individuo no importa, sólo la doctrina en aras de la masa informe llamada “pueblo”, “colectividad” o “raza”.
Rodada en Berlín, Munich y San Petersburgo con un presupuesto de 14 millones de euros, el director Olivier Hirschbiegel se atreve a romper el tabú que en el cine alemán suponía el personaje de Hitler, recreando con una impresionante minuciosidad documental, a la vez que con gran humanidad, las últimas horas del sueño nazi y de sus fanáticos ideólogos. En algo más de dos horas que en ningún momento pesan, asistimos al colapso final de un régimen en el que unos corren al grito de “sálvese quien pueda” mientras otros, como Goebbels y su mujer, no soportan la idea de vivir en un mundo sin la pureza y la grandeza nazis, y se hunden con el barco llevándose por delante incluso a sus hijos. Por amor. ¿Alguien puede imaginar mejor ilustración del significado de la palabra fanatismo?
Basada en el libro de igual título escrito por Joachim Fest, y en las memorias de Traudl Junge, secretaria del Führer que hasta muchos años después de la guerra no abrió los ojos a la maldad de la que había sido pieza, la mayor parte de la acción se desarrolla en el interior del bunker de la Cancillería, contagiándonos una sensación angustiosa. Como un reloj de arena, los cada vez más cercanos y violentos temblores que provoca la artillería del Ejército Rojo nos van indicando el final del terror nazi y la liberación de parte de Europa. Conforme se acercan los rusos, la euforia orgiástica de quien sabe que todo está perdido se va apoderando del búnker, y los que no tratan de escapar se entregan a un festivo y absurdo delirio que hace que su final sea aún más patético si cabe (los nazis, que eran malvados pero no tontos, querían que Berlín fuera tomado por los americanos). Pero la máquina humana del mal nunca se detiene, y el fin de la pesadilla nazi supondría el advenimiento del horror comunista soviético, su mayoría de edad absoluta y su transformación en potencia total que durante muchas décadas sembraría muerte, miseria y dolor por todo el mundo: Europa, Asia, América, África… llegando hasta el día de hoy.
Una película tan claustrofóbica y desarrollada prácticamente en un solo escenario necesita de un trabajo actoral excelente, algo logrado con creces en este caso: no es sólo la magistral reconstrucción que ejecuta Bruno Ganz, sino la impresionante, ajustada y afiladamente verídica interpretación de todos y cada uno de los componentes del reparto. A destacar Heino Ferch, como Albert Speer, el arquitecto de los sueños de Hitler, que llegó a lo más alto precisamente por la afición del Führer a la arquitectura (fue uno de los pocos que atisbó realmente la monstruosidad del régimen del que era parte importante; sólo lo atisbó, y aunque desobedeció a su jefe en sus últimas locas órdenes, nunca pudo sustraerse del todo a la fascinación que le provocaba); y Corinna Harfouch y Ulrico Matthes, como Magda y Joseph Goebbels, el matrimonio más siniestro, cruel y fanático del régimen. Un régimen cuyo veneno empapó todas las capas de la sociedad alemana hasta llegar a los niños que con gusto entregaban su sangre “por el Führer”. No deberíamos olvidar que si llegó a pasar lo que pasó fue porque la mayoría del pueblo alemán, gente normal y culta, amó a Hitler y consideró decente y admirable su proyecto.
El hundimiento, una película para pensar, para ver cuán cercano el peligro de los totalitarismo sigue estando hoy día: basta con seguir la corriente, con dejar que otros piensen por nosotros, con creer a pies juntillas lo que nos digan, con ver el mundo al revés y no decir ni hacer nada porque la corriente dominante dice que el mundo al revés es el mundo al derecho… basta con no querer ver lo que se tiene delante. En una época tan difícil como la actual, todos en el mundo hemos de estar vigilantes. Españoles incluidos. Españoles sobre todo. En caso contrario, nuestro propio hundimiento puede estar mucho más próximo de lo que imaginamos.


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