CIMITARRA ATÓMICA






CIMITARRA ATÓMICA
El presidente de Irán es tan sincero al proclamar que desea la energía nuclear para fines pacíficos, como Zp cuando dice que España está ahora más unida que nunca. Sin embargo el iraní, al menos, abre de vez en cuando su alma coránica con enternecedora sinceridad para decir que su objetivo es borrar del mapa a Israel; ¿y qué mejor medio para ello que un bonito pepino atómico?
No sé cuándo habrá paz en Oriente Medio, pero es evidente que sólo llegará después de que suceda una de estas dos cosas: que Israel acepte ser exterminado de la faz de la Tierra, o bien que los países musulmanes acepten la existencia del Estado de Israel. Y aunque ninguna de las dos opciones parece probable a corto y medio plazo, sólo una de ellas es justa, necesaria y defendible.
Por más que resulte insoportable a los árabes y molesto a gran parte de los occidentales, las cámaras de gas, la muerte y el desprecio secular hicieron de los judíos un pueblo duro y valiente que conoce como ningún otro el significado de la palabra supervivencia; desde el mismo día en que el Estado de Israel nació, el odio y la hostilidad le han rodeado por todos los flancos. No obstante, a pesar de ser un pequeño país entre enemigos gigantes, ha respondido contundentemente a cada guerra de aniquilación iniciada contra él. Así pues, es normal que la posibilidad de enviarlos al infierno (nuclear) apretando un botón excite tanto a Ahmadineyad como para tratar de hacer realidad sus sueños radiactivos a toda costa. Y es el deber de las potencias occidentales dejar claro al presidente iraní que el camino nuclear está vedado para él, entre otras muchas razones porque, teniéndola desde hace más de 30 años, Israel no utilizó la bomba ni siquiera cuando su supervivencia estaba más amenazada, mientras que hay pocas dudas de que si el pepino cayera en manos de fanáticos como Ahmadineyad, no pasarían más de 30 minutos antes de que la cimitarra radiactiva del Islam cercenara la vida de millones de judíos, aunque ello supusiese la inmolación (voluntaria u obligada) de todo el pueblo iraní.