TIRANTE EL BLANCO, TIRANTE EL BODRIO

¿Ven este cartel? Pues es,sin lugar a dudas, lo mejor de la película. Lo más atrayente, lo más sugestivo...lo único, más bien.
Porque si la obra de Vicente Aranda (que podría aprovechar esta memez para jubilarse) prometía batallas y sexo...nos han mentido como BELLACOS. Si es una superproducción carísima, deben haber gastado el dinero en comisiones para poder usar los castillos, o en los sueldos de los actores, porque lo que es en la escenificación de las batallas...bueno, bueno, sólo salen dos, a cámara lenta, con imágenes entrecortadas, primeros planos nada más. Una auténtica birria. Y los extras del ejército cristiano son, además de escasos, auténticamente patéticos, tanto por su pinta (parecen hombres de las cavernas), como por su comportamiento (aún siendo extras, actúan fatal), como por su vestuario y complementos (llevan unas hachas de cocina que se ve a un kilómetro que son de plástico). ¿Dónde están los millones de euros?
Mención aparte merece el guión, de un infantilismo romántico que cualquier niño de los que ven Bola de Dragón Z diría que da risa. El doblaje es nefasto (de hecho, ignoro en qué idioma se rodó, pero si fue en español, bien podrían haber dejado las voces originales de la grabación en lugar de hacer "autodoblaje").
El sexo...el sexo...pues cuatro tonterías, dos tetillas por aquí, el chocho de Victoria Abril (porque si no lo enseña no está contenta) que está más acabada, si cabe, que Vicente Aranda, y una divertida (hay que reconocerlo) escena de coito que tiene tanto morbo como De la Vega disfrazada de Akuna Matata.
¡Qué pena de clásico de la literatura española destrozado! Sinceramente, hago esfuerzos por apreciar el cine español, pero es que es imposible tragar con estas cosas. Alatriste, eres mi última esperanza.