Ayaan Hirsi Ali, y los muertos que olvidamos

Hace pocos días terminé de leer "Yo acuso", de la (ex)diputada (ex)holandesa Ayaan Hirsi Ali. A muchos no os sonará de nada, pero a lo mejor recordáis un nombre: Theo Van Gogh. Un hombre polémico que defendía sus ideas y que murió precisamente por ello. Asesinado por un musulmán radical en plena calle. ¿Su delito? El principal fue haber hecho una película llamada "Submission, part I" en la que mostraba la posición de la mujer en el Islam.

¿Sabéis en colaboración con quién realizó esa película? Con Ayaan.
Desde entónces, Ayaan vive protegida por policías y guardaespaldas, pues grande es el pecado de haber escapado de Mogadiscio huyendo del Islam y de un matrimonio concertado, en busca de la libertad. No pudo escapar, sin embargo, de la ablación del clítoris, ni de muchos otros sufrimientos como el repudio de su familia.
Pero Holanda la acogió. Y prosperó. Y entró en política para defender sus ideas y mostrar una verdad que muchos no quieren ver. Grande es la envidia y el odio que genera, y no necesariamente entre sus teóricos enemigos: la ministra de Inmigración de Holanda, Rita Verdonk, ha decidido retirar la nacionalidad holandesa a la diputada Hirsi Ali porque en 1997, cuando tramitó su pasaporte, mintió sobre su nombre y su fecha de nacimiento (cosa que era pública desde hace años). Ni en España se hubiera podido llegar tan lejos en ignominia, hipocresía y maldad como lo ha hecho Rita Verdonk en Holanda.
Esperemos que no todo quede así, que Ayaan y su justa causa puedan seguir adelante. Y si Holanda la rechaza, quizá otros países como Estados Unidos la quieran acoger. La libertad huye de Europa a pasos agigantados. Los mártires del mal son ensalzados y recordados eternamente, los mártires de la libertad son pronto olvidados, y hasta su muerte se considera merecida. Damos asco.
No olvidemos a los muertos como Theo Van Gogh, y no olvidemos a los vivos como Ayaan Hirsi Ali


Y para que quede una huella mucho más profunda de la que mis palabras son capaces de dejar, aquí escribo el último capítulo del libro de Ayaan, el que dedica a su amigo muerto y a nosotros:
LO QUE YO QUERRÍA DECIR
Querido Theo:
Te mataron una fría mañana de noviembre. Una semana más tarde te incineraron y yo no estaba allí. Me hubiera gustado mucho haber podido estar presente. Quería hablarte.
Te quería decir que habías sido un temerario. Que con tus planteamientos heriste y agraviasta a personas. Que obtenías placer desafiando a tus seres queridos y ofendiendo a tus enemigos. Te hubiera querido decir que tú sabías exactamente lo que decías y cuál era el impacto de tus palabras. Conocías las consecuencias: has perdido amigos, las redacciones solían rechazar con frecuencia tus trabajos, a su vez la gente te ha insultado e incluso un individuo te llevó a juicio.
Pero una cosa era segura: antes de la llegada del islam a Holanda era impensable que alguien en este país te hubiera matado por las palabras que proferiste.
Aquel 9 de noviembre me hubiera gustado decirle a los presentes que tú intuías muy bien la amenaza del islam. No tanto respecto a ti mismo como para Holanda. En verdad temías que aquel enfoque pusilánime precisamente impulsara la violencia. Y de manera cruel, tenías razón.
Hubiera querido decir aquel día que tu película "Submission" no había surgido del afán provocador, si bien es cierto que ese deseo te acompañaría también con cierta frecuencia. En este caso, te movían motivaciones diferentes. Hiciste la película para dejar constancia del sufrimiento de las mujeres musulmanas. Y pusiste tu talento de director al servicio de esas mujeres. Noble acción que muchos no han entendido así.
tus seres queridos te advirtieron de los posibles riesgos. Pero te mantuviste firme en un punto fundamental: la creencia de que la libertad de expresión es uno de los bienes más grandes. "Mejor asesinado que asfixiado por la mordaza",dijiste. Quién hubiera pensado que por ello acabarías encontrando la muerte.
Esta tarde, un año después de tu muerte, estoy presente pero no voy a hablar. Voy a escuchar a tu padre. Me gustaría volver a hablar contigo, pero no lo hago [...].
El año pasado se habló mucho acerca de ti y de tu asesinato. Fue una noticia de alcance mundial. [...]. Hubo muchos que repudian tu muerte en sí, en la misma medida que condenaron los atentados de 2001; sin embargo, tras la frase de repulsa añadían un "pero" para, a renglón seguido, mostrar comprensión hacia las motivaciones de tu asesino:[...].
No obstante, una reducida minoría de la opinión pública todavía se atreve a decir algo sobre las tensiones generadas entre tu convicción-que no es otra cosa que la palabra libre- y la fe profesada por tu asesino-conocimiento del Corán y los modos de actuar del profeta-. Hay, y de eso tú eras muy consciente, abundantes y concluyentes pruebas de que en su esencia el islam es incompatible con el valor que Occidente concede al término "libre", y sobre todo, a la libertad de opinión.
[...]
El último día de su procesamiento, tu asesino [...] se dirigió a tu querida madre y le dijo:
Quiero agradecerle a Dios su ayuda y también agradecerle la que me brindará en lo que voy a decir. No hay más dios que Alá, y Mahoma es su Profeta.
Mis palabras no obedecen a ninguna presión del tribunal. La única persona con la que estoy obligado a algo, creo yo, es la señora Van Gogh.
Le diré con toda sinceridad que no me solidarizo con su sufrimiento. No siento su dolor, tampoco puedo sentirlo. No sé lo que significa perder un hijo que se trae al mundo con tanto dolor y tantas lágrimas. En gran medida porque no soy mujer. Pero también porque no siento compasión. Porque pienso que es usted una infiel. Y usted me puede e incluso me debe imputar la culpa.
[...]
Lo que yo quiero que se sepa es que actué con convicción y no porque odiara a su hijo porque fuera holandés o porque me haya ofendido como marroquí. Nunca me sentí ofendido. [...]. Yo he actuado movido por la fe. Incluso enfaticé que si se hubiera tratado de mi padre o de un hermano habría hecho exactamente lo mismo. [...]. Y le puedo asegurar que si saliera en libertad volvería a hacer lo mismo...exactamente lo mismo.[...] la misma ley que me impulsa a cortar la cabeza a cualquiera que injurie a Alá o a su Profeta es la que me obliga a no arraigarme en este país. O, en todo caso, no en un país donde la palabra libre, como la ha descrito el fiscal, se proclama públicamente.
Con estas frases terribles, Theo querido, tu asesino dejó en ridículo a todos cuantos pensaban que tu muerte nada tenía que ver con la religión islámica, y puso de manifiesto cuál era el telón de fondo de tu asesinato. Como contraste entre tu convicción de que la palabra libre es uno de los más grandes bienes y su convicción de que la labor sagrada de Alá y la de su Profeta deben prevalecer ante todo.
Civilización frente a barbarie.
Modernidad frente a premodernidad.
Ciudadanía frente a tribus.
Ilustración frente a superstición.
Pensamiento crítico frente a absolutismo.
Progreso frente a estancamiento.
Equidad frente a dominación.
El individuo libre frente a la tiranía colectiva.
Comparto con tu familia una honda tristeza porque tú ya no estás. Pero también estoy triste porque un año después de tu muerte compruebo que la misión sagrada de Alá y de su profeta cda vez recluta más soldados.[...].
Ya lo ves, se sigue comparando tu convicción con la de tu asesino. La lucha entra la civilización y la barbarie. Tu asesino representa la barbarie. Y tus queridos padres son el ejemplo vivo dela civilización que sufre la amenaza de esa barbarie.