EL CÓDIGO DA VINCI: NO INCLUÍA CÓMO NO ABURRIRSE

No seré yo quien entre en la polémico teologico-histórica que han generado tanto el libro como la película, más que nada porque ya está muy trillada y ha quedado claro que tanto el uno como la otra son fiascos de grueso calibre. Creo que el hecho de no haber leído el libro de Dan Brown hizo que viese la película sin prejuicios ni ideas preconcebidas en uno u otro sentido. Pero lo cierto es que ni la circunstancia de no tener absoluta idea de lo que iba a pasar en cada momento ha logrado que la visión de tan largo tostón mantuviese el interés que se le presupone (y se debe exigir) a un producto de estas características. Más que una superproducción, a mí me pareció en todo momento la típica coproducción europea que no hay por dónde agarrar. Coproducción franco-alemana, para más señas (no me preguntéis por qué, pero es así como lo veo). Lo único que desentonaría en una coproducción de ese tipo es la presencia de Tom Hanks, pero es lo mismo, porque si la dirección no está al la altura, y el guión menos aún, lo de los actores es de tomates podridos (lástima que no sea una función de teatro). La estrella americana, simplemente, no está hecha para este papel. Y además él lo sabe. Y además, y esto es lo peor, se nota que lo sabe. Paul Bettani es el único, junto con Alfred Molina que se salva de la quema, el uno en el papel de un monje albino, sonado, y asesino, que no se sabe si es más tonto que malo o más malo que tonto, ¡pero en nombre de Dios, eh!, y el segundo en el de un obispo tan devoto que también es malo, muy malo, ¡pero en nombre de Dios, eh! Ahora bien, lo que no tiene nombre, lo que no tiene perdón de Dios (con perdón) es lo de la sosa de Audrey Tatou, que en el papel de la policía heroína (y algo más) tiene tanta credibilidad como la que tendría Santiago Segura en el papel de Spiderman. La chica es aburrida e insipida hasta el aburrimiento, y no sólo aquí, porque os prometo que en "Largo domingo de noviazgo" consiguió que me durmiera (eso me pasa por ir a ver cine francés, lo tengo bien merecido), y en "Amelie" logró que le cogiera manía (otra vez cine francés, y esta vez del payaso de Jean Pierre Jeunet, que desde que se cargó la saga de "Alien" está en mi lista negra).
Por cierto que durante la película, todos los personajes franceses hablan en español con acento francés (hablo de la versión doblada al español, por supuesto), lo cual hace la visión (en realidad, la audición) más irritante y molesta todavía.
Bueno, vamos al lío: resulta que la Iglesia tiene un secreto, un secreto super secreto que si deja de serlo puede acabar con todo su poder, cuando no con todo el cristianismo. ¿Qué pasa entonces? Pues lo que tenía que pasar, que en la Iglesia hay gente muy mala, muy mala que está dispuesta a matar para que el secreto siga siéndolo. Luego todo esto se mezcla con unas organizaciones secretas parecidas a las de la gente que se lo pasaba pipa en "Eyes wide shut"; un monje que, igual que le revienta la cabeza a una monjita, a los diez minutos se está flagelando para sufrir como Cristo (y se queda hecho un cristo); un policía que no sabe muy bien si ha de servir a la ley de los hombres, al Opus Dei, o a Dios; un multimillonario Ian Mckellen (espero que en "X men 3" se redima ante mí del "papelón" que ha hecho en la peli de Ron Howard) pasado de vueltas y...no sé cuántas cosas más. Todas sin pies ni cabeza (si la película tuviera el menor interés, iría a verla otra vez para intentar entenderla), y sin interés, que es el auténtico problema.
Ofensas gratuítas al catolicismo, que está muy de moda. Conseguirá, además de muchos millones de dólares, que mucha gente salga del cine odiando un poco más a los curas. En fin, nada nuevo bajo el sol, a Zp le encantará.