Avecilla

©NADIE
Pequeño Cristo,
achicharrado,
fuego de junio.
En los últimos días caen como moscas los pobres gorrioncillos casi recién nacidos. El calor de junio no les perdona la vida, ¡pobres! Alados ellos, y nunca volarán. Pero así es la naturaleza, ni justa ni injusta, sólo funciona. Yo veo los que mueren, pero otros muchos, más resistentes o más afortunados, me alegrarán la vista cuando vuelen dentro de unas semanas. Maravillosa madre.