GEOMETRÍA IMPERFECTA

No sabría decir desde cuando, pero hace tiempo que notaba que los boquetes de los Donuts ya no son lo que eran. ¿Cómo explicarlo? No sé…son menos redonditos, como hechos con desgana o a toda prisa. Esta semana, sin embargo, lo entendí todo, pues nos desayunamos, nunca mejor dicho, con la noticia de la escandalosa tasa de absentismo laboral en la fábrica de Donuts de Sevilla. Entiendo que pasarse todo el día dale que te pego al sobaco para preparar la masilla debe ser poco estimulante, por no imaginar lo que tendrán que hacer para darle el circular acabado hueco, pero quedarse en casa por la cara parece excesivo. Por un momento dudé si Panrico sería una empresa estatal, o si sus obreros son funcionarios de la Consejería de la Sacarosa, pero no: como suponía, se trata de una compañía privada. Recientemente se celebró una reunión entre los representantes de Panrico y el comité de empresa de su factoría sevillana, en la que se habló sobre el problema del absentismo, y se intentó encontrar un destino para la factoría y la plantilla, pues la empresa ha anunciado su intención de cerrar la fábrica, lo cual, con curritos tan currantes, no es de extrañar. Imagino que el posible cierre será muy preocupante para el comité de empresa, y por ello estoy seguro de que se habrán devanado los sesos para buscar una solución. Así, en un alarde de genialidad, estos sevillanos tan salaos han dado con la solución perfecta para la dulce crisis: ¿sancionar a los vagos indecentes que no van a trabajar porque no les sale del alma? ¡Qué va!, eso sería explotar malvadamente a los pobres proletarios. La revolucionaria propuesta consiste en premiar, pagando más, a los empleados que vayan a trabajar, y en ningún caso penalizar a los que pasen olímpicamente de ir. ¡Toma castaña! ¡Es fantástico! Por poner ejemplos patéticamente absurdos, es tan inconcebible como si a los chicos de ETA se les regalara una nación vasquita a cambio de no matarnos más; tan impensable como si hubieran renovado al mentiroso fracasado de Luis Aragonés como premio por el espantoso ridículo hecho en Alemania; tan inadmisible como si el socorrista de la piscina, antes de tirarse al agua, exigiera dinero a los padres del niño que se está ahogando; tan repulsivo, en fin, como si Zp estuviera destrozando España vilmente, y la población fuera tan generosa que renovara su apoyo al mayor traidor a la patria que han visto los tiempos.
Luego nos quejamos de que las multinacionales se van de España como si huyeran de la peste, pero la verdad es que en este mundo, quitando a Bono, nadie está por el suicidio, y los de Panrico, que no son tontos del todo, ya tienen fábricas en Portugal, Grecia y China. Gracias a obreros especializados como los de Sevilla, dentro de poco el que quiera un Donut fresco tendrá que ir a Pekín a pedirlo en chino mandarino.
Por el momento, y mientras se les pueda hablar en español, a los trabajadores sevillanos de Panrico sólo les pido dos cosas: decencia, y que, entre baja y baja, se estiren un poco más con el chocolate del Bollicao.
La Voz, Jerez, 27 de agosto de 2006