ALATRISTE: REGUSTO AGRIDULCE...O AGRIAGRIO

Alatriste tenía todas las de ganar conmigo, pues no había leído los libros (la mayoría de los lectores se sienten desengañados por la mezcla sin sentido que se ha hecho en el guión) y, además, iba a verla sin demasiadas expectativas...pues bien, ni aún así se vieron superadas.
Sin duda, a Pérez-Reverte le ha podido la implicación personal y sentimental con el rodaje, y no es capaz de tener una la visión objetiva de lo que se ha hecho, pues él siempre ha sido muy crítico con todas las adaptaciones cinematográficas anteriores de su obra (con razón, eran bazofia), pero se pierde en elogios ante esta que, siendo mejor que las anteriores, no es buena.
La película, sin duda, está bien hecha. Si la comparamos con lo que suele ser el cine español, casi se podría calificar de obra maestra. Pero no es una obra maestra. Ni siquiera se le acerca. A errores de casting clamorosos (Blanca Portillo, Javier Cámara), se une una espectacularidad de cartón piedra que no acaba de llegar a convencer. Vale, lo han hecho buscando más el rigor que la espectacularidad, pero no han conseguido ni lo uno ni lo otro. A mí la película me parece una versión lujosa de Curro Jiménez. Hace algún tiempo vi un trozo de un capítulo, y resultaba tan ridículo, que me pregunté cómo pudo tener tanto éxito hace unas décadas. Pues con Alatriste me pasó algo parecido, pero sin esperar unas décadas.
Los exteriores están muy desaprovechados: ¿Dónde está Madrid?, ¿qué se ve de Madrid?, ¿un Escorial como fondo borroso es lo mejor que podían conseguir?, sale La Caleta, pero como si no saliera: podría ser cualquier otra playa.
Y esa voz…esa voz…¡Ay, Vigo!, ¿no has podido hacerlo mejor? Que conste que Vigo Mortensen es un buen Alatriste. Un gran Alatriste, quizá, pero hundido por una voz infame que es un precio demasiado alto para que no se note su acento argentino. Lo lamento. Quizá habría que haberlo doblado, no lo sé. Pero lo que sí sé es que lo que oímos es un churro. Y es una pena, porque su actuación es fantástica y, además, es un buen tipo.
El final es algo bochornoso, una mezcla de heroísmo y esperpento que quizá sea la idea de España que tiene Arturo Pérez-Reverte, la cual, dicho sea de paso, no me atrevo a despreciar (mal que me pese). La película es un “quiero y no puedo”, y por eso hay que valorarla (lo normal en el cine español es el “no quiero y no puedo”). A mí lo que más me ha gustado ha sido la escena inicial, y el final (que no el desarrollo) de la historia de amor entre Alatriste y su amada, que se convierte en la única escena verdaderamente emotiva de la cinta. En su favor hemos de decir que uno sale del cine sin saber bien si sentirse orgulloso de ser español o asqueado por serlo. Exactamente igual que en la vida real del siglo XXI.
Calificación: 6/10