PRIMERA COLUMNA
Nuestro amigo Kaiser se estrena como columnista en la prensa escrita. Bueno, en realidad, se estrena como columnista, a secas.
A continuacion reproducimos la columna que aparecio publicada en La Voz de Jerez el pasado dia 23 de septiembre.
Suerte, amigo.
Nota: el teclado desde el que escribo no me permite poner acentos y algunos otros simbolos. Disculpen las molestias.
LA FUERZA DEL INMOVILISMO
Este Gobierno y los que le han antecedido en el tiempo pretenden modificar actitudes a base de coaccionar a la población. Nunca han apostado por la información y la educación, que, al fin y al cabo, son los pilares del desarrollo social y cultural de cualquier sociedad occidental que se precie. Claro que una sociedad formada e informada es difícil de manejar. Esta situación proviene de la Transición, cuando los franquistas tuvieron que negociar con socialistas, comunistas, separatistas vascos y catalanes y con todos aquellos que se arrogaron voz y voto en el proceso democratizador y, como consecuencia, tuvieron que renunciar a demasiadas cosas para lograr una base que obtuviera un amplio consenso político y fuese ratificada por la mayoría de los españoles. Así pues, nuestra constitución nació condicionada, pero se convirtió en un acuerdo de mínimos que posibilitaría, con éxito inimaginado, la llegada de la democracia.
No obstante, aquella definición de lo que íbamos a ser ha demostrado sobradamente sus limitaciones y debería haber sido modificada hace ya mucho tiempo. El problema es que los políticos carecen de visión más allá de las próximas elecciones, y su actuación se basa en asegurarse la reelección. Esta visión cortoplacista les impide hacer reformas realmente útiles para la sociedad, evitando que tomen medidas traumáticas e impopulares. Asuntos tan importantes como una separación real de los poderes del Estado, una reforma integral del sistema judicial o una ley electoral de listas abiertas, con limitación de permanencia en el cargo (ya está bien de mantener a ciertos personajes viviendo del cuento, pues a la mayoría no se les conoce más oficio - beneficio sí - que calentar un sillón) se disipan en el tiempo. En su lugar, se dedican a crear problemas inexistentes para obtener un rendimiento electoral y a cambiar el nombre a las cosas para que parezca que, realmente, existe un progreso. Pero modificar la realidad con el único objetivo de que todo siga igual deriva en una involución. Está claro que nunca les ha interesado desarrollar estos aspectos, y por ello, la demagogia, la hipocresía y la sumisión de los medios se han convertido en el ABC del político.
Si comparamos con otras sociedades occidentales, vemos cómo la justicia, por ejemplo, está mal enfocada en nuestro país. Recuerdo que en Dinamarca detuvieron a dos españoles robando una caja de galletas en un supermercado. Fueron condenados a seis meses de prisión y tres mil euros de multa. ¿Creen que tendrán ganas de robar otra vez? Si analizamos lo que ocurre aquí, nos daremos cuenta de que hemos errado al establecer los cimientos de nuestra sociedad. Aquí encontramos rejas en todas las casas y comercios, alarmas, cámaras, vigilantes... Es decir, un dineral malgastado en una supuesta seguridad. Y todo para qué: si te pillan robando, te toman los datos, te echan la bronca, y a casita. Al final, uno descubre que burlar la ley compensa porque los derechos individuales del delincuente superan ampliamente los de la sociedad como conjunto. Otros países nos demuestran, sin tanto despliegue técnico y humano, que unas leyes suficientemente estrictas y un sistema educativo basado en valores son más eficaces. Quizás, lo que necesitamos sea renovar nuestra clase política, que, por cierto, tiene muy poca clase. Cada vez menos.