GRACIAS
Y vamos con la cuarta columna de nuestro amigo Kaiser, en la que habla, una vez más, de política. En esta ocasión, para variar, deja de lado el nauseabundo y repulsivo mundo de Pedro Pacheco I el arrasador, y Pilar Sánchez II la Cortesana, y se dedica a glosar la figura de un personaje importante en la historia reciente de España. Su nombre, no hay ni que decirlo.
GRACIAS
Hoy quiero rendir un sentido homenaje a un hombre de trato simpático, sencillo y amable, un Señor, con mayúsculas, que supo manejarse con una inteligencia inusitada entre las bambalinas del poder para lograr un hito sin igual y que, a pesar de ser traicionado en numerosas ocasiones, fue ambicioso en sus reformas y parco en lo personal, prescindiendo en ocasiones de los privilegios que le correspondían. Una persona excepcional, de una gallardía extrema, de esas pocas cuyos actos, en el devenir de la Historia, marcan un antes y un después. Hoy, lamentablemente, ha perdido sus facultades mentales (incluida la capacidad de hablar) y no sólo no reconoce a sus familiares y amigos, sino que ni tan siquiera recuerda quién es. Desde luego, esta situación es curiosa, porque tampoco nadie se acuerda de él. Solamente cuando muera será revisado el papel que jugó en la Transición, cuando logró que la democracia se hiciera realidad en un proceso no traumático. Demostró ser un hombre profundamente comprometido y dotado del coraje necesario para mostrar firmeza en tiempos difíciles, con un bagaje político insuperable y realmente asombroso si se tiene en cuenta el momento que le tocó protagonizar, dominando como nadie el arte del consenso para conseguir sus objetivos a pesar de las presiones.
Nació en Cebreros (Ávila), allá por 1932, y antes de llegar a la política, vendió neveras, acarreó maletas en una estación de tren, fue extra en una película y trabajó de procurador con su padre. Se doctoró en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y desempeñó diversos cargos en la estructura del régimen franquista, siendo Procurador en Cortes por Ávila, Gobernador Civil de Segovia, Director General de Radiodifusión y Televisión y Secretario General del Movimiento con categoría de ministro en el primer gobierno de la monarquía. En 1976 fue nombrado por el Rey Presidente del Gobierno y fue capaz de aglutinar a franquistas con convicciones democráticas diferentes, entre los que había falangistas, socialdemócratas, liberales y democristianos. Partiendo de la legalidad del propio régimen estableció las bases jurídico-políticas necesarias para desmontarlo y construir la democracia que hoy disfrutamos (Ley de Reforma Política, amnistía para presos por delitos políticos, supresión del Movimiento, legalización del Partido Comunista, Pactos de la Moncloa).
En 1977 ganó al frente de su partido, la UCD, las primeras elecciones generales libres desde el año 36, y consiguió que la Cortes, convertidas en constituyentes, aprobaran la Constitución que fue ratificada en Referéndum en 1978. Un año después, volvió a ganar las elecciones, siendo designado por el Rey presidente del primer gobierno constitucional. Esta vez, sin embargo, no pudo con las tensiones surgidas en el seno de su propio partido, presentando su renuncia en 1981, momento que fue aprovechado por aquellos que habían conspirado contra él para ensañarse como hienas hambrientas de carroña. Fundó entonces el CDS, pero nada volvió a ser como antes. Cuando se retiró de la vida pública no tenía más fortuna que su familia, y una infinidad de problemas de salud a su alrededor. Tras la muerte por cáncer de su mujer Amparo y su hija Mariam, y la enfermedad por el mismo motivo de su hija Sonsoles, cayó enfermo. En 1996 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, muy poco reconocimiento para lo que se merece, pero ya se sabe que en este país estamos abonados al homenaje póstumo.
He aquí el mío: GRACIAS.
La Voz, Jerez, 14 de octubre de 2006