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A cada uno lo suyo

05-11-2006 10:55:56

HOMBRES DE LEYENDA

Categoria: GeneralNadie


El Endurance (=Resistencia), el barco de Shackleton.

HOMBRES DE LEYENDA

Imaginen ustedes que, ojeando cualquier suplemento de trabajo, descubren esta oferta: “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Y ahora especulen sobre el número de personas que hoy codiciaría una plaza en dicho viaje: en efecto, una o ninguna, pues en estos tiempos de olvido y oscuridad, la heroicidad es un concepto arcaico. Sin embargo, no hace tanto tiempo que la raza humana era capaz de resistencias impensables y victorias imposibles, y los jerezanos tenemos la oportunidad de comprobarlo visitando la exposición “Atrapados en el hielo”, que mantendrá sus puertas abiertas hasta el próximo día 26 de noviembre. Se trata de una muestra fotográfica sobre el fracaso más victorioso de la historia de la exploración polar: la increíble aventura de supervivencia de Shackleton y sus hombres.
En 1914, ambos polos habían sido conquistados por el hombre, el Norte por un americano, y el Sur por un noruego. Nadie, sin embargo, había atravesado la Antártida de parte a parte. Este fue el desafío que se planteó, a mayor gloria del Imperio británico, Ernest Shackleton, viajero polar que tenía en esa aventura la última oportunidad de poner su nombre junto al de los más grandes. Shackleton había estado durante años a la sombra de Scott (ilustrísimo inútil cuyo desastre no se debió a la mala suerte, sino a su manifiesta incompetencia y falta de liderazgo), y en él tuvo un buen ejemplo de todo aquello que no debía hacer. Con respecto a Amundsen, en cambio, tuvo humildad para imitar una parte de sus planteamientos, aunque no la inteligencia suficiente como para copiarlo en todo y aceptar que se trataba del mayor genio de la exploración a altas latitudes que vería el mundo.
Así, al mismo tiempo que comenzaba la Primera Guerra Mundial, daba inicio la última gran aventura antártica. Sin embargo, el objetivo de la expedición bien pronto dejaría de ser la travesía del continente para convertirse en la simple supervivencia: un invierno adelantado atrapó al barco en el hielo y, tras nueve meses de resistencia, el “Endurance” sucumbió a la presión como una cáscara de nuez bajo la pata de un elefante. A partir de ahí, campamentos sobre el hielo a la deriva, a decenas de grados bajo cero; penosas marchas, sin éxito, al continente; viajes en botes salvavidas hacia islas diminutas para poder pisar tierra firme; la separación en dos grupos; la imposible gesta marinera de cinco hombres navegando 1.300 kilómetros en un bote por las aguas más infernales del mundo; la travesía desesperada y agónica de glaciares y cordilleras en busca de una remota estación ballenera; y, tras semanas de burocracia e intentos fallidos, el rescate final de los miembros de la expedición. Resultado: ninguna baja y 28 supervivientes, muchos de los cuales se alistaron de inmediato para seguir sirviendo a su país en la guerra.
Seguramente ninguno de ustedes querría formar parte hoy día del grupo de Shackleton, pero es posible que sí quieran maravillarse y aprender algo sobre lo que la voluntad, el optimismo y la capacidad de liderazgo de un hombre pueden conseguir. Si es así, no dejen de visitar a Shackleton y su equipo. Están en el Callejón de los Bolos.


La Voz, Jerez, 5 de noviembre de 2006




Ernest Shackleton


¡Qué tiempos!, tan cercanos que los hijos de estos hombres aún están entre nosotros, y tan lejanos que sus historias parecen cuentos mitológicos protagonizados por seres de una raza extinta. La raza de los hombres, hoy degenerada en semihombres o minihombres, y no precisamente por el tamaño físico.
Pero aún hay resquicio para que el recuerdo no se pierda, pues nos quedan los libros, nos queda la historia, el relato, (y, en este caso, incluso las fotografías), para revivir lo que no pudimos vivir, o quién sabe si para que alguien de las generaciones venideras pueda protagonizar gestas similares a las de una época en la que la medida de las cosas era la capacidad del espíritu humano.

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Comentarios

  1. Coincido básicamente contigo en lo carente de predisposición al esfuerzo personal que caracteriza a nuestra generación, pero ello no me hace contraponerlo a las gestas inútiles que se propusieron determinadas personas con el único afán de ser "el primero" en realizar determinada actividad.

    De hecho, dichas aspiraciones siguen vigentes a día de hoy: no hay más que echar un vistazo en el alucinante "Libro Guinness" para ver lo estúpido que puede llegar a ser el género humano con tal de ver su nombre inscrito como "el que más..." o "el primero que..."

    ... Y, que conste, que me refiero a las denominadas "hazañas" que se pueden considerar únicamente destinadas al brillo personal. En tal caso, ¡¡Allá ellos!!!

    mafd — 07-11-2006 17:08:56

  2. Sí, MAFD, no es lo mismo ser el primero en cruzar la Antártida a ser el primero que pasa 83 días a la pata coja cantando Macarena disfrazado de Espinete.
    :)
    Tienes razón, la mentalidad de aquella época resulta poco menos que incomprensible hoy día, sin embargo...¡Qué época!

    Nadie — 08-11-2006 09:53:58

  3. Debo reconocerte que se me ha escapado una sonora carcajada al imaginarme al citado pajarraco (o lo que sea) en semejante actitud, para finalmente, una vez transcurridos los 83 días, acabar en explosión de satisfacción, una vez superado semejante listón en los anales de la historia de la humanidad.

    Tienes razón, como decía Alejandro Sanz, no es lo mismo. Pero deberás reconocerme que algunas de las denminadas "hazañas" sí se aproximan más a un esfuerzo fútil y banal que a una auténtico avance para la humanidad.

    Y te pongo un ejemplo: Que Juanito Oyarzabal haya subido nosecuantos "ochomiles" y ello le haya podido costar un número indeterminado de dedos de las manos y pies, cuando no la propia vida, me parece digno de asombro, pero no creo que ello suponga ningún avance para el resto de la humanidad.

    Es más, en muchos casos pongo en duda que aquellos que son capaces de arriesgar sus vidas para alcanzar esas "dudosas" metas, fueran capaces de hacer lo mismo, si lo que se jugara fuera la vida o la libertad de otros de sus semejantes.

    mafd — 08-11-2006 10:23:04

  4. Tienes razón, amigo. Lo de Oiarzabal suena un poco a morbo por el record, a "hay que hacerlo COMO SEA". Sin embargo, las expediciones de aquellos tiempos tenían una vertiente científica (mediciones de todo tipo, estudio de clima, fauna y flora, cartografía, pruebas de equipos...) que sí ayudaban, o debían ayudar, a expandir los límites de la humanidad. En todo caso, Scott nunca me gustó, era un gran gilipollas. Sin embargo, Amundsen era un adelantado a su tiempo, un Julio Verne de la exploración. Y Shackleton...Shackleton tenía muchos defectos, pero era un grandísimo líder, y por eso se salvó.

    Nadie — 08-11-2006 14:36:33


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