CRAIG, DANIEL CRAIG

Desde que supe que el nuevo Bond es Daniel Craig, imaginé que sería un buen Bond. De todos los candidatos era el que más me gustaba después de...Pierce Brosnan, pues hasta que he visto Casino Royale, él era mi opción favorita. Sin embargo, como decimos, Craig prometía. ¿Demasiado bajo, rubio, rudo, etc.? Gilipolleces. Para ser un buen Bond lo que hay que tener es una mezcla (no agitada) de sex-appeal y mala leche a lo bestia. Yo de lo primero no voy a hablar mucho, aunque a mí el tío me parece atractivo, pero de lo segundo, he de decir que tiene una cara de psicópata que lo mismo es capaz de estrellar un bebé contra una pared (si la Reina lo exige) que dejarse sacar un ojo (si el Príncipe Carlos se lo pide, supongo) mientras te cuenta un chiste. Y sin embargo, sabe ser tierno también...
En esta primera película se abandona (por suerte) el gadgetocamino por el que la franquicia se desplazaba hacia el abismo. Ahora tenemos a un Bond más real en un mundo más real. Pero sigue siendo Bond, es decir, le disparan 400 tíos a la vez, y no le dan.
Este Bond, joven e inexperto, se equivoca, le pueden los sentimientos, está algo verde (me refiero más al personaje que al actor), y por ello quiero imaginar que cuando ambos maduren de la mano, nos estaremos enfrentando al mejor James Bond de todos. ¿O acaso Sean Connery es intocable?