¡OJO (MORADO) CON LO QUE ESCRIBES!
Con unos días de retraso (pido disculpas), cuelgo la columna del pasado domingo, en la que hablo mucho más de mi persona de lo que me resulta cómodo; pero es que la actualidad se impone, desgraciadamente...para mí.
¡OJO (MORADO) CON LO QUE ESCRIBES!
Uno pensaba, o quería pensar, que Jerez era una gran ciudad, un lugar civilizado, culto y tolerante donde las ideas podían ser echadas a volar, sin miedo a otra cosa que no fuera el choque con ideas contrarias. Tristemente, parece que habrá que esperar algún tiempo para que eso suceda; unos 200 años, calculo. Y es que, aunque en algunos lados cuezan habas, en otros lo cuecen a uno, que es distinto: en esta ocasión, ciertamente, las ideas intangibles fueron a chocar contra algo bastante tangible.
Cuando decidí intentar escribir en la prensa, sin amigos, sin recomendaciones y sin avales de ningún tipo, lo único que podía ofrecer era la voluntad inquebrantable de expresar mis opiniones con la libertad de la que se supone que todos disfrutamos, y con un estilo propio que no sería copia de nadie ni parecido al de ningún otro columnista. Es un lujo que me podía permitir precisamente por todo lo anterior: no era nadie (y sigo sin serlo), no debía nada a nadie, no estaba comprometido con nadie, no esperaba nada de nadie y no era esclavo de ningún tipo de servidumbre más allá de la que debo a mis principios, para los cuales, a diferencia de otros, no tengo repuesto. Sin embargo, yo ignoraba que todo ello me hacía contraer una deuda a ojos de algunos. El pasado miércoles, por desgracia, me llegó la hora de empezar a pagarla. No obstante, no está en mi naturaleza ir de santurrón ni de víctima por la vida: sé perfectamente que con las palabras se puede hacer daño, y que desde esta columna he repartido y reparto estopa para todos a diestro y siniestro (sí, ya sé que más a siniestro, no hace falta que me lo digan). Por lo tanto, estoy dispuesto a recibir en la misma medida. Pero en la misma medida del mismo producto: letras contra letras, ideas contra ideas, inteligencia (mucha o poca) contra inteligencia (poca o mucha). Lo escandaloso es que a la pluma se responda con el puño. No soy yo el que no lo puede tolerar, es nuestro sistema de convivencia el que de ninguna manera lo debería consentir, porque lo que está en juego es mucho más que mi ojo, o mi persona. Hechos como estos deberían invitarnos a reflexionar, aunque es muy posible que a muchos les parezca que nos invitan directamente a salir corriendo.
Supongo que entenderán que mi estado de ánimo no es el más indicado para publicar nada en el día de hoy, y el único motivo por el que lo hago es que lo considero un deber hacia todas las personas que están preocupadas por esta situación. Por ello, sólo me queda mostrar agradecimiento a los policías municipales que impidieron que la agresión que sufrí fuera a mayores, y al público que me animó a seguir corriendo a pesar de todo; a las decenas de personas (de entre los cientos que presenciaron la segunda parte del espectáculo, dentro del estadio) que me defendieron evitando que volviera a ser agredido (en deuda quedo, esta gustosa, con mis compañeros y amigos del Club Maratón Jerez); a los ciudadanos, en general, y a los políticos a los que suelo despellejar, en particular, por el apoyo que me han mostrado; y a todas aquellas personas de buena voluntad que, estando de acuerdo o en completo desacuerdo con mis escritos semanales, respetan y defienden mi derecho a expresarlos en libertad. A todos, de todo corazón, gracias.
La Voz, Jerez, 10 de diciembre de 2006
No obstante, en la columna me faltan gracias por dar: a todos los columnistas locales que han decidido dedicar su columna a mí, al diario La Voz, que me acoge como columnista y me ha brindado todo el apoyo moral y material que pudiera necesitar, a las personas que me han ofrecido su ayuda de alguna manera, y a vosotros, amigos lectores de este rincón perdido del cibermundo.